Qué mirar antes de comprar un asiento compacto
Primero decide qué problema resuelves. En esta categoría
conviven tres cosas distintas que se confunden: asientos que guardan
cosas dentro, asientos que desaparecen cuando no se usan, y asientos
que se convierten en cama. No son intercambiables, y comprar el tipo
equivocado es el error más común.
Si el problema son las visitas que duermen, mira los
convertibles. Aquí la clave es el ancho de la cama: 60 o 70 cm es una plaza
justa, cómoda para una persona menuda y apretada para el resto. Y hay dos
familias muy distintas: los de espuma sin estructura, ligerísimos y sin
montaje pero con el asiento a ras de suelo, y los que llevan bastidor metálico
y patas, que se sientan a altura normal pero pesan el doble. Si el mueble se va
a usar a diario como asiento, quieres patas; si es para dormir de vez en cuando
y poder moverlo, quieres espuma.
Si el problema son las visitas que cenan, un juego de sillas
plegables sale por unos pocos euros por asiento. Lo que hay que comprobar no es
sentarse: es dónde las vas a guardar los 360 días que no las usas. Mide ese
hueco antes que el asiento.
Y si lo que sobra es desorden, un banco o un puf con
almacenaje hace dos trabajos en el mismo metro cuadrado. Fíjate en el material:
un baúl de MDF con tapa reforzada aguanta que se sienten encima dos personas,
uno de tela plegable no, y por eso muchos fabricantes de los baratos ni
publican la carga máxima. Cuando ese dato falta, ya te está diciendo algo.